Si bien es cierto que el problema del transporte es insoportable y que requiere de una modernización cuanto antes, no es menos cierto que las opciones, especialmente la que impulsa el Gobierno, tienen inconvenientes que deben ser analizados con sumo cuidado, pues luego no habrá lugar para arrepentimientos extemporáneos. Las inversiones serán cuantiosas y los afectados –transportistas, usuarios, conductores particulares, entre otros muchos– serán decenas de miles, de manera que no estamos hablando de poca cosa. Será un proyecto traumático y no es verdad que sufriremos todos esos inconvenientes para luego ser testigos de otra decepción solo porque era un proyecto impostergable. Ya hemos probado demasiados fracasos –con ese inconfundible sabor agrio de la urgencia– como para permitirnos seguir dilapidando recursos que son tan necesarios. Los detalles del plan tienen que divulgarse –incluyendo las contrariedades que causará– y las consultas tendrán que ser amplias e inclusivas. Porque recuerden, señores gobernantes, los recursos de este país no les pertenecen, solo los administran.
Hoy por Hoy 2007/04/09
09 abr 2007 - 05:00 AM
