Estamos siendo testigos de un exabrupto que si no frenamos enérgicamente, puede ser el inicio de una época oscura para el periodismo nacional. Un Juez penal ha accedido a la petición de un sindicado de sentarse frente a frente con una periodista para determinar quién dice la verdad. Pero, el pequeño detalle es que lo que se cuestiona no es la palabra de la periodista sino lo grabado en una cinta de video. Nos preguntamos entonces ¿cómo se pretende "carear’’ lo que quedó registrado con imagen, sonido, movimiento y color?
La verdad está irrefutablemente consignada en una grabación, entonces ¿cuál es el objetivo de insistir en una supuesta contradicción para literalmente sentar a un periodista frente a un imputado?
El mensaje es claro: amedrentar a los comunicadores sociales que se cuiden de lo que cubren, filman e informan porque si se atreven a meterse con un pez gordo o influyente, el precio puede ser hasta la propia vida. Pero, cuidado, la prensa no cesará jamás en su deber de decir la verdad, sin cortapisas ni temores ni píldoras doradas ni de ningún color.