Las nuevas amenazas de los pandilleros contra los habitantes de Curundú revelan el casi inexistente respeto a la autoridad. Es evidente que son las pandillas –y no la Policía– las que tienen el control en esa zona. Y eso es tanto como al dominio que tienen las narcomafias de las favelas en Sao Paulo, Brasil. Con semejante clima de inseguridad, parece surrealista que el Presidente y sus diputados se hayan preocupado más de coartar libertades inalienables –como la de expresión– que enfrentar la ola de violencia que nos tiene a todos arrinconados en nuestras casas porque, al parecer, a ellos no les afecta o no les importa. El Presidente tiene que cumplir sus promesas; gracias a ellas está donde está. Y sus soluciones tienen que ser más serias que nombrar una comisión. Ya nos cansamos de que entre más pobres sean las víctimas mayor sea el olvido. Allí están los 18 calcinados del bus; los envenenados con dietilene glycol, y ahora las muertes y damnificados de Curundú. ¿Cuántos más deben morir para que se haga algo?
Hoy por Hoy 2007/03/25
25 mar 2007 - 05:00 AM
