La sociedad civil panameña está demostrando que puede ir dos pasos por delante de la clase política que supuestamente la representa. Se ha hecho sentir en temas tan diversos como la modificación al sistema de transporte público, la libertad de expresión, la protección del medioambiente, los delfines y exigiendo seguridad para los obreros de la construcción.
Gremios, asociaciones y organizaciones no gubernamentales han dado ejemplo de unidad y de interés por el futuro de este país al protestar, pero con propuestas serias y responsables. Mientras nuestros diputados y gobernantes se empantanan en la burocracia de quién ordeña más a este Estado malgastado, las ciudadanas y ciudadanos han despertado ante los grandes retos del país. La democracia no es un voto cada cinco años y sordera en el intermedio.
El estadista, el que queda en los libros de historia, es el que conoce y sabe interpretar los sentimientos de su pueblo. De esos, andamos muy escasos, quizá deberíamos ir a otro país a cazar algunos para criarlos en cautividad.
