El mejor diagnóstico del deplorable estado de la educación panameña quedó evidenciado una vez más en el escandaloso fracaso que sufrieron estudiantes que pretenden ser abogados. Menos del 5% de un total de 300 alumnos pasó una de las pruebas de ingreso a la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá. Ante este desolador panorama, la solución resultó mucho peor: permitir su ingreso bajando el índice de calificación.
Es decir, en vez de que los estudiantes se adapten a los estándares de calidad, la Universidad decidió ser ella la que se ajuste al bajo nivel educativo de sus nuevos alumnos. ¿Cuál es el mensaje detrás de esta cuestionable decisión? Si bien el origen del mal radica en niveles de preescolar, primaria y secundaria, bajar los estándares académicos de enseñanza superior no contribuye a curar, sino es tan solo una curita.
Las consecuencias las sufriremos a largo plazo, con la precaria calidad de nuestros profesionales, recurso indispensable para el desarrollo del país. Las autoridades de Educación o son parte del problema o son parte de la solución. El Ministro tiene la palabra.
