El Presidente de la República no puede tomar a la ligera las fallas detectadas al nuevo Código Penal que ha denunciado la Procuradora General de la Nación. La infame aplanadora del gobernante en la Asamblea se encaprichó en hacer del proyecto una normativa que permite la impunidad.
Solo con el hecho revelado por el propio Ministerio Público de que las investigaciones del más de medio centenar de envenenados con dietilene glycol correrían peligro, es razón suficiente para poner un freno al legajo de normas duramente cuestionado y vetarlo sin más dilación. Lamentable resulta saber que existen otros ocho supuestos contemplados en el proyecto de reforma penal que atentan contra la justicia y/o promueven la corrupción.
Muy pronto se puso el jefe del Ejecutivo a defender un documento que solo él y su bancada califican de "avance". Usted, señor Presidente, prometió poner un alto a la corrupción. Ahora sabremos si sus promesas valen el oro que nos quiere hacer ver o el cobre que ya no podrá esconder.
