¿Desde cuándo la Asamblea Nacional frena la discusión de un proyecto de ley con el conveniente argumento de que los afectados –leáse "transportistas"– no quieren dialogar? Pues que entiendan nuestros diputados que el resto del país, y los miles de ciudadanos que todos los días sufren los abusos de los transportistas, esperan acciones. ¿Qué más tiene que suceder en el país para que se tome en serio el problema del transporte público?
Hay premura y decisión cuando a los honorables les interesa un tema, pero el interminable diálogo es la excusa cuando de tocar ciertos intereses se trata. Tal parece que los diputados olvidan en esta particular ocasión que tienen la responsabilidad de hacer leyes porque fueron elegidos para ello, pero –¡qué coincidencia!– los directivos de la Asamblea muestran una tolerancia sospechosa con la actitud de los transportistas.
Todo indica que los diputados se resisten a discutir las reformas a la Ley del Transporte, no porque no pueden, sino porque no quieren. La sociedad, una vez más, termina como rehén de una Asamblea que obviamente prefiere meter la cabeza en un hueco que asumir su responsabilidad.
