Este editorial había sido concebido como un llamado a la conciencia de los diputados de la Asamblea Nacional, para que aprovecharan la oportunidad dorada que tenían ayer para demostrarle al país que aún podía haber esperanza en un Órgano que, en momentos cruciales, lograría elevarse por encima de intereses coyunturales. ¡Cuán equivocados estuvimos!
Al final de la noche, todo cambió, el PRD supo sacar a flote sus verdaderas intenciones y nos ha legado un documento deplorable. Pudieron dejar un legado y no unos legajos. Plasmaron, en ese cuerpo de valores que se resume en un Código Penal, la marca verdadera del gobierno: se sacrificó la libertad de expresión por la protección de los poderosos; el castigo ejemplar por la benevolencia con los corruptos, la transparencia por los telones para evitar la rendición de cuentas y, sobre todo, la decencia por la impunidad. Anoche se renovó el pacto con la corrupción y quedó al descubierto el verdadero carácter del partido gobernante representado en la Asamblea.
