El caso de Lewis Libby en Estados Unidos (EU) nos permite llegar a dos conclusiones. La primera es sobre el carácter de la administración de George W. Bush, marcado por la mentira, la falta de transparencia, la explotación del miedo y las intrigas permanentes. Washington ha armado una historia de ficción para justificar cada paso que ha dado en dirección a la destrucción, pero... la verdad es terca.
La segunda, quizá más importante para Panamá, es constatar cómo, a pesar de todo, el sistema de división de poderes funciona en EU, donde, el ex jefe de Gabinete del vicepresidente, Dick Cheney, se enfrenta a una condena de 30 años de prisión y a una multa de un millón de dólares por obstaculizar una investigación relacionada con la guerra de Irak.
Es decir, la justicia se atreve a entrar al círculo más cercano al poderoso Presidente de EU, sea cual sea el rango del funcionario implicado. Los actos no solo tienen consecuencias políticas, sino repercusiones penales. Esto, que parece imposible en Panamá, deberíamos aprenderlo de los vecinos del norte, a los que tanto imitamos en lo superfluo y tan poco en lo importante.
