Los maestros y profesores son ejemplos a seguir para sus alumnos. De ellos reciben no solo conocimientos, también son sus tutores en esas horas en que comparten el aula de clases. En otros casos, actúan como padres substitutos a la hora de impartir disciplina o cuando consuelan al niño que recibió insultos de sus compañeros. El ejemplo de un maestro puede ser imperecedero, pues se forja al mismo tiempo que se crean valores entre los pequeños y jóvenes. Es por eso que el caso de los educadores que han falsificado sus credenciales para obtener ascensos o puestos de trabajo es un doble crimen: además de cometer un delito, dejan una huella en los estudiantes que puede, incluso, ser el ejemplo a seguir. Estos docentes, que deslucen la ejemplar y callada labor magisterial de tantos, deben ser señalados y separados, pues crean un entorno viciado, sin valores. Lo que han hecho estos docentes merece algo más que una sanción administrativa, porque sus fechorías trascienden el umbral de las escuelas donde trabajaban y pueden haber entrado en nuestros hogares.
Hoy por Hoy 2007/03/04
04 mar 2007 - 05:00 AM
