Hoy por Hoy 2007/03/01

La reciente decisión de un juzgado, de echar por tierra el proceso que se le seguía a un antiguo oficial de la dictadura, nos recuerda lo indefenso que está el Estado panameño. Difícil sería opinar sobre el fundamento jurídico de la jueza que en este caso exonera a Justine, pero sea este caso particular, o el resto de los cientos de procesos instaurados para perseguir los atracos a los fondos públicos, el final es siempre el mismo: la absoluta y completa impunidad. En un país donde ha sido obvio el enriquecimiento -en la mayoría de las veces vulgar y escandaloso- de tantos ex funcionarios que de la carencia han llegado a la ostentación gracias a su paso por la administración pública, en donde se trafican favores y se pagan complicidades, el denominador común ha sido que ni un solo delincuente de cuello blanco pena en el calabozo. Las cárceles siguen abarrotadas de los pobres y de los huérfanos del poder. Resulta ser que siempre surgirá un error procesal, o una inmunidad parlamentaria -local o importada-, o un sumario mal instruido o una prescripción bien alegada; toda justificación ha sido buena para que libres por las calles, se sigan burlando del pueblo panameño.

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