Las enfermedades solo se detectan cuando los síntomas salpican la piel, ralentizan el caminar o evidencian la palidez. La primera reacción siempre es atacar los síntomas, pero los buenos médicos suelen indagar hasta llegar a la causa de la enfermedad. Esa es la única manera de evitar que se repita o, al menos, puede ser el camino para prevenirla.
Eso sería lo recomendable para la terrible enfermedad de la mendicidad ngöbe: viajar a las causas y evitar que nuestros compatriotas indígenas tengan que mendigar, tengan que viajar kilómetros y kilómetros para pedir en las calles o para trabajar en plantaciones nacionales y vecinas por salarios de vergüenza.
Se ha denunciado en múltiples ocasiones el abandono que sufren las comarcas y las autoridades se llenan la boca hablando de indígenas en los discursos de tono social. Pero lo cierto es que la verdadera voluntad política para mejorar las condiciones de vida de estos panameños es, como mínimo, muy débil. Si hay una banda detrás de este tráfico humano, hay que desarticularla. Con ello se habrá atajado el síntoma, pero la enfermedad seguirá en las arterias de la nación.
