Los honorables diputados están ahora discutiendo las razones por las que uno iría a la cárcel. Cosa trascendental, pues se trata de la libertad, el más preciado bien del ser humano. Pero, una vez más hay que preguntarse con qué estatura moral pueden legislar la materia penal, cuando muchos de ellos se entregan a prácticas reprochables como el nepotismo.
El presidente de la Asamblea convenientemente se lavó las manos al decir que “legalmente nada lo impide”. Y es cierto, jurídicamente no hay impedimento. Pero, entonces ¿dónde quedan la ética y demás valores? ¿para qué preguntar por la solvencia moral de alguien que aspira a un puesto público, si la moral es lo primero que pisotea? A la desvergüenza del presidente de la Asamblea se suma la de los diputados que tienen emplanillada a su familia, hecho que contrasta con las promesas de campaña del jefe del Ejecutivo.
Decía Torrijos en su Plan de Gobierno: “Pecan de ignorancia quienes desvinculan el desarrollo con el país moral”. Efectivamente, ya sabíamos que muchos diputados eran ignorantes, lo que no sabíamos era en qué magnitud. Y tenga presente, señor Presidente, que la gran mayoría de esos diputados son miembros de su propio partido, el PRD.