Cuando George Bush asumió el poder, una de sus primeras decisiones fue repudiar el Protocolo de Kyoto. Este desplante ocurrió a pesar de que Estados Unidos –que con el 5% de la población mundial produce el 25% de los gases contaminantes del mundo– es el país que más contribuye a la contaminación del planeta.
Luego de años de negociaciones para lograr compromisos mínimos en Kyoto, el vaquero recién estrenado en la Casa Blanca anunciaba que los costos serían demasiado altos para su industria y que no había evidencias suficientes para sustentar la relación entre los gases y el cambio climático. El corto tiempo transcurrido desde entonces no solo ha dejado en evidencia su falsedad, sino que sus propios electores han sufrido la magnitud –y el costo– de los estragos del cambiante clima.
Los más importantes científicos del mundo han anunciado esta semana que existen pruebas inequívocas y bien documentadas sobre el calentamiento global y que la conducta humana es la principal responsable. Los pronósticos son aterradores y todos tenemos que actuar, y actuar ya, a pesar de la mezquindad de la potencia del norte.
