Si cantar el himno nacional fuera el catalizador que reviviría esa mortecina pasión patriótica de los panameños, entonces escucharlo y entonarlo –por ley– sería no solo un acierto, sino un gran logro. Pero, hay que ser realistas: sancionar ese proyecto habría sido un acto patriotero, de falso civismo. Bien hizo el Presidente, hay que decirlo, en vetar esa ley, porque si lo que querían nuestros “patrióticos” diputados era hacer aflorar el sentimiento nacionalista, hay formas más creativas y honestas de hacerlo. Por ejemplo, dejar de madrugarnos con leyes trasnochadas, despojarse de privilegios abusivos –como la acomodaticia inmunidad– o quizás revelar quiénes y cuánto donan sus patrocinadores políticos en tiempos de campaña. Pero este tipo de información, precisamente, es la que quieren que permanezca oculta. Y, a propósito de vetos, si la Asamblea aprueba el proyecto que declara septiembre el mes de la Biblia, el Presidente debería adoptar la misma postura. Porque, además de ser otra gran hipocresía, es claro que será poco probable que la fe cristiana gane un feligrés más, en especial si la política y el dinero son los únicos evangelios en los que creen nuestros diputados.
Hoy por Hoy 2007/01/28
28 ene 2007 - 05:00 AM