Las recientes tragedias en las zonas comarcales kunas dejan en evidencia un hecho que tiene serias consecuencias para el país en materia de seguridad nacional. La presencia de las autoridades policiales en estas áreas es, por decir mucho, casi nula, pese a que son altamente vulnerables, especialmente al narcotráfico.
En ellas están trazadas las rutas del tráfico de drogas y las mafias –locales e internacionales– operan a sus anchas, porque el Estado solo se materializa allí cuando ocurren desgracias como las que hoy sufren los kunas. Y tras hacer llegar la exigua ayuda gubernamental –sin desaprovechar la oportunidad de tomarse la fotografía que enviarán a los medios para que su publicación se sume a su haber político– estas comunidades vuelven a ser lo que eran y lo que serán: olvidados caseríos donde el "largo brazo de la ley" pierde su alcance.
El hoy jefe de Ejecutivo prometió en 2004 "adoptar en las zonas de frontera programas para brindar seguridad ciudadana, así como vigilancia y protección fronteriza". Ha llegado el momento de que honre su compromiso.
