Es una vergüenza que a estas alturas no exista una autopista que una las ciudades de Panamá y Colón. Son apenas 80 kilómetros de distancia que dejan en evidencia no solo la deficiente inversión en infraestructuras básicas para un país que busca su desarrollo, sino las tantas promesas huecas y electoreras que por décadas hemos estado escuchando. Es inadmisible que el cruce terrestre transístmico sea una de las peores y más peligrosas carreteras del país.
Esta carencia tiene que solucionarse y bienvenido es el anuncio oficial de ayer. Con la ampliación del Canal encima, la progresiva pujanza de sus puertos y con el crecimiento del turismo, resulta increíble que Colón aún no cuente con facilidades de comunicación como las que tenemos, por ejemplo, con las provincias del occidente del país.
La autopista es una imperiosa necesidad y, sin embargo, ha sido desatendida sin un ápice de remordimiento. Esperamos que esta vez el anuncio del Gobierno de construirla no sea el inicio de una campaña política más, como siempre lo ha sido en el pasado.
