Si el presidente Hugo Chávez hiciera un esfuerzo por hablar menos y pensar más, nos habríamos evitado otra de las trifulcas regionales a las que nos somete con harta frecuencia. En otra de esas bravuconadas que le son características cuando, ebrio de poder, se rodea de sus lacayos, llamó "pendejo" al Secretario General de la OEA y ha amenazado con enfrentar al diplomático si se lo encuentra en la toma de posesión del nuevo presidente nicaragüense, que se celebra hoy.
Chávez está iracundo por los comentarios que el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, ha hecho por la inminente cancelación de la frecuencia de un medio venezolano, crítico de su gobierno.
Pero lo que desconoce el autócrata de Caracas es que, cuando se trata de la defensa de los Derechos Humanos en el continente y del respeto a la libertad de expresión, no hay soberanía ni autodeterminación que sirvan de excusa porque, precisamente, la obligación de la OEA y de Insulza es velar por el respeto a la libertad de expresión, en particular, de esas voces críticas del poder.
