La caridad se supone que surge de una decisión individual y rasga el bolsillo propio para aportar a una causa en la que se cree. No parece tener mérito alguno pedirle al vecino que te regale dinero para donarlo después. Nuestros honorables diputados, que no están dispuestos a darnos una tregua, han decidido acudir al presupuesto que se nutre de nuestros impuestos para aparecer como seres generosos.
Por tanto, agarran 40 mil dólares que son nuestros y los donan a la Teletón. No se trata aquí de juzgar si la causa es buena o mala –ese es otro tema pertinente-, lo que no podemos consentir es que el descaro sirva hasta para figurar de bondadosos con recursos ajenos. No hay dinero para casi nada en este Estado ruinoso y cuasi pedigüeño, pero sí hay para figurar, para hacerse la foto como donantes.
Si nuestras instituciones, incluida la Asamblea Nacional, hicieran bien su trabajo no sería necesaria la Teletón ni otras obras benéficas que en Navidad apelan a la conciencia ciudadana para ayudar a paliar los sufrimientos de panameños necesitados. Ya no nos deberían sorprender, pero es que las erráticas decisiones de los diputados no parecen tener límite.
