El único momento en que la Asamblea Nacional no nos decepciona es cuando está de receso. Cuando no son los intereses particulares, son los privilegios; cuando no es el descaro, es la desidia. Ahora, es de nuevo el secretismo. Discusión de presupuesto a puerta cerrada y... ya se sabe, cuando se cierra la puerta es porque algo se oculta.
¿Dónde está la promesa de transparencia que el entonces candidato Torrijos, y por tanto, su partido, el PRD, hicieron al electorado?, ¿cómo tienen la desfachatez de discutir de manera velada lo que se hace con nuestro dinero?, ¿por qué tenemos que seguir soportando esta alianza entre Ejecutivo y Legislativo para gobernar sin contrapesos?, ¿no se da cuenta la oposición que es cómplice por omisión de responsabilidades?
Nuestra economía mejora a la misma velocidad que nuestra democracia se enferma y hay que recordar que ese divorcio suele terminar en drama. Alguien debe poner orden. El problema es que los destinados a reformar son los mismos que deben ser reformados... o sustituidos.