Si el pueblo gobernara, la historia sería diferente. Explicaba el Pulso de la Nación que alrededor del 70% de los panameños encuestados quiere la renuncia o el cese del Ministro de Salud y del Director del Seguro Social. No era difícil imaginar qué es lo que quieren los ciudadanos.
El presidente, Martín Torrijos, se encargó de "abrirnos los ojos" al explicar que esas destituciones no resucitarían a los muertos, en unas declaraciones que mostraron cómo trata el gobierno a los panameños: cual menores de edad ingenuos. Pero la salida de Alleyne y de Luciani, señor Presidente, sí resucitaría algo que está en este momento bien enterrado: la confianza ciudadana en sus instituciones y en quienes las dirigen.
En cualquier hogar, en cualquier empresa, los actos de sus miembros tienen consecuencias. En el gobierno, no. Ese mensaje, consolidado cada día que pasa, es un terrible ejemplo para el resto de los altos funcionarios: "busque chivos expiatorios, que usted salva la cabeza". Cada nueva noticia, cada arista de las dos crisis que han marcado el año 2006 nos recuerda que los responsables políticos no han pagado.