Hay lugares extraños donde los errores se pagan y la política se juega en canchas con reglas necesarias aunque no escritas. Por eso, con todas las críticas que se le quiera atribuir, el sistema estadounidense sigue siendo ejemplar en algunos aspectos.
La campaña electoral para el Congreso y el Senado de ese país giró en torno a la guerra de Irak. Un 60% de los estadounidenses ya no la apoya y el triunfo demócrata en los comicios es, ante todo, fruto del voto de castigo al gobierno de George W. Bush por su gestión en tierras iraquíes. Consecuencia: a menos de 24 horas de las elecciones, el secretario de Defensa y arquitecto de dicha guerra, Donald Rumsfeld, presentaba su renuncia y cesaba en el cargo.
¿Podrá cundir el ejemplo en tierras panameñas? ¿Podrá alguien asumir la responsabilidad política de los dramáticos sucesos de las últimas semanas? ¿Seguirán nuestros altos cargos de gobierno mirando hacia otro lado como si en nada fueran responsables? Rumsfeld nunca pegó un tiro en Irak, pero ha pagado por cada uno de los cartuchos gastados.
