La conmoción por lo sucedido no puede ocultar la realidad: las autoridades no están dando la talla y más bien parecen ir siempre un paso detrás de la realidad. Ahora, después de ser testigos del horror al ver morir de una forma atroz a 18 humildes ciudadanos, nuestros funcionarios se lanzaron a prometer que van a sacar de circulación los buses que no cumplen con medidas de seguridad básicas.
¿No lo podían hacer antes?, ¿no ven en las calles buses y ‘diablos rojos’ en pésimo estado, a velocidades de infarto y cometiendo infracciones descaradamente?, ¿por qué los servicios públicos del país son una especie de condena a sufrimiento y hasta la muerte para la mayoría de los panameños sin recursos para contratar servicios privados? Panamá no va a salir del subdesarrollo mientras el Estado no garantice los derechos fundamentales.
O, al menos, mientras la desidia oficial permita tragedia, dolor y muerte de nuestros conciudadanos. No estamos acostumbrados a la inseguridad, pero tampoco a medicamentos intoxicados o a cadáveres calcinados. Exigimos responsables, pues hay que hacer algo ya, aunque sea muy tarde.
