Hay mano criminal, intencionada e identificada. Alguien ha lucrado con la muerte y lo más probable es que ya esté lejos de un país como el nuestro, alertado, escandalizado y atemorizado por un síndrome que ya ha matado a demasiados y que promete cobrar nuevas víctimas.
La constatación de estos hechos nos obliga a mirar la ineficiencia de los controles en nuestro sistema de salud. No es posible que se pueda adulterar de una manera tan masiva y descarada los medicamentos sin que las alarmas de la Caja del Seguro Social y del Ministerio de Salud se activen. Tuvo que pasar un mes y medio de muertes encadenadas para que se diera la alerta de búsqueda de razones.
Eso no se puede repetir. También hay que exigir que las autoridades sigan informando rigurosamente y que, cuanto antes, revelen las acciones contra los autores de semejante atentado contra la sociedad. Pero principalmente, que divulguen los detalles y garantías necesarias para imprimir algo de sosiego a la ciudadanía que ha perdido la confianza en la primera institución de salud publica, de cara a prevenir más tragedias por falta o suspensión de tratamientos medicinales.
