En un capítulo más de Macondo, la Corte Suprema –nada menos que con Winston Spadafora como ponente– ha iniciado un proceso disciplinario contra la Procuradora General de la Nación. Al magistrado le incomoda que la Procuradora se haya reunido con los jefes de los partidos de oposición, una reunión que se dio en compañía de 13 fiscales. Suficientes razones tendríamos los panameños para exigirle al magistrado ocuparse de perseguir los casos de corrupción, en vez de distraernos con un proceso sin fundamento.
Pero ese realismo mágico ofrece una nueva entrega: ahora resulta que Spadafora, un político consumado que llegó a la Corte desde el Gabinete, quien no considera prudente impedirse en casos que involucran a sus amigos, que no entiende de los conflictos que pueden existir al seguir confraternizando con la ex presidenta y antiguos copartidarios –pese a que le corresponde conocer media docena de casos contra ellos– y a quien ni siquiera se le ha pasado por la cabeza separarse de la Corte para exigir se le investigue y se despejen las dudas surgidas tras la revocatoria de su visa a Estados Unidos, es quien ha encontrado méritos suficientes para iniciar un proceso contra la Procuradora. ¡Qué desfachatez!
