Vivir dignamente es algo a lo que todo ser humano aspira, pero eso no se consigue sin acceso a recursos económicos mínimos que garanticen alimentación básica, salud oportuna, educación de calidad y esparcimiento sano y adecuado.
Para los más de 150 mil jubilados que hoy protestan por un aumento de apenas un dólar diario, esa vida digna se torna una suerte de quimera por lo inalcanzable. El monto de la jubilación que reciben se evapora al calor del incremento en el costo de vida, sumado a los gastos producto de los múltiples embates que enfrentan como adultos mayores.
Como si fuera poco, se agrega a la lista de tribulaciones la deficiente ayuda estatal como proveedor de la atención médica y las medicinas que a su edad requieren. Nuestros adultos mayores siguen dando su cuota de servicio al país, y ahora hasta en jornadas extendidas en las calles, justo es que al menos se escuchen sus reclamos para poner fin a esta innecesaria agonía a pleno sol de mediodía.
