El Proyecto Pobreza Enemiga, que ha impulsado La Prensa en los últimos cinco meses, toca este mes un tema crítico en Panamá y en el mundo: la igualdad. O mejor dicho, la desigualdad que excluye a sectores enteros. No sólo se trata de un problema de mentalidades o de prejuicios sociales, sino que es perpetuado por leyes y reglamentos discriminadores.
Hoy conocemos cómo los discapacitados tienen graves dificultades para gozar de créditos u otros servicios financieros, sin contar con las desigualdades en el sistema laboral o las que provoca la propia epidermis física de nuestras ciudades. También volvemos a recordar las diferencias salariales que separan a hombres y mujeres. La madurez de una sociedad se mide por la profundidad de los problemas que le preocupan.
Y el de la desigualdad es un asunto que afecta directamente a la calidad de vida de las personas y a la sensación de justicia social que tienen los miembros de una comunidad.
