El mundo arde hoy más que hace cinco años, cuando Estados Unidos declaró la llamada “guerra contra el terrorismo” para vengar los pavorosos ataques con aviones de que había sido víctima. Esa lucha, que ha sido rodeada de un halo mesiánico, ha logrado exactamente lo contrario a lo que quería: el terror ha crecido, la sensación de inseguridad está más extendida y se percibe que el mundo es más inestable que antes del 11 de septiembre de 2001. Las guerras producto de esa cruzada han mutado en nuevas confrontaciones cada día más complejas de resolver y las relaciones internacionales se mueven con frecuencia en aguas turbulentas. El combate al terrorismo no puede parar en ningún lugar del planeta, pero para ello no hay que utilizar tropas armadas y entrenadas para guerras convencionales. La estrategia debe privilegiar las acciones de inteligencia y mejorar la coordinación entre los organismos de seguridad. Esa ha sido una de las grandes enseñanzas de estos cinco años. Es tiempo de aprender la lección, como homenaje a las víctimas de las torres gemelas y a las miles que en tantos otros lugares ha dejado este período de repudiable terror.
Hoy por Hoy 2006/09/11
11 sep 2006 - 05:00 AM
