Hoy por Hoy 2006/09/07

Hay gestos que suenan más fuerte que un trueno. La renuncia de la representante de Transparencia Internacional (TI) a su puesto en el Consejo Nacional de Transparencia es una terrible señal para el país y un duro golpe para la imagen del Gobierno. Cero corrupción fue uno de los tres lemas que empujaron a Torrijos hasta Las Garzas y las razones invocadas por TI indican que los avances en esta materia no son esperanzadores. Faltan dientes para perseguir a los corruptos, falta voluntad política para frenar la corruptela y sobran excusas para mantener intacto el aparato judicial que ampara la impunidad. La corrupción vicia de nacimiento cualquier intento de ejecutar políticas públicas en pro del desarrollo del país y, lo más grave, genera una desconfianza en la administración del Estado y toda iniciativa oficial. La señal debe ser interpretada por las autoridades del Ejecutivo y debe ser contestada con gestos contundentes que muestren si, de verdad, el Consejo puede alcanzar eficacia y demostrar que el “cero corrupción” de la campaña fue más que un atractivo eslogan.

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