El proyecto de ampliación del Canal de Panamá debe ser evaluado por los panameños por sus propios méritos, y no por razones que le son ajenas. Los ciudadanos tenemos que decidir si la propuesta presentada es beneficiosa para el país o no. Sería un error imperdonable caer en la tentación de castigar en las urnas un proyecto particular, buscando una revancha contra los desaciertos de los políticos. El llamado de algunos grupos a oponerse al proyecto de ampliación como reprimenda al gobierno actual, o como pena por las injusticias del sistema, o como rechazo a los fantasmas del imperialismo, no solo es miope e irresponsable, sino peligroso para la sociedad. La decisión que tomemos como sociedad el 22 de octubre trascenderá a este y al siguiente gobierno, y muchos más. Sería errado votar por las razones equivocadas, y mezquino de nuestra parte no medir las consecuencias que tendrá para esta generación, la próxima y las que vienen, el hacer –o rechazar– esta obra. Las cuentas a los políticos se las pasaremos en otras urnas, y los reclamos contra la corrupción y la impunidad son tarea de muchos días. Ojo panameño, que la charlatanería no solo viene de los políticos, sino de tantos otros que aspiran a ocupar su lugar.
Hoy por Hoy 2006/09/06
06 sep 2006 - 05:00 AM
