El reclamo hecho ayer por jóvenes estudiantes a sus profesores, en ruego de retomar las clases, no puede pasar desapercibido. Ese alivio –secreto y perverso– que todos como estudiantes experimentamos cuando los profesores se iban a huelga, ha dado paso a un cambio en algunos estudiantes.
Quizá han sido ya demasiadas las veces que los docentes han echado mano del paro como forma de presión, en una sociedad que invierte sin parar en el campo educativo con resultados poco satisfactorios. Quizá sea la defensa del derecho de los alumnos por terminar oportunamente una etapa crucial de su formación.
O tal vez, una combinación de razones. Sin embargo, ese gesto de un primer puñado de estudiantes no deja dudas sobre la madurez de una demanda muy legítima de los alumnos afectados, así como del agotamiento de una sociedad por las demandas intransigentes de varios grupos de presión.
