La debilidad ideológica de los partidos políticos y la erosión de las ideas que los unen está llevando a que cada vez más ellos se conviertan en una especie de paraguas vacío, bajo el cual van a guarecerse personas con los más diversos intereses. En principio, que un partido tenga gente de distintos sectores no es malo; al contrario, es síntoma de que son un mecanismo aglutinador de matices de la sociedad que necesitan representación institucional. El problema está cuando lo único que los une es un color o una bandera, y no una propuesta de Estado y de sociedad. Peor aún, cuando se convierten en meros trampolines para tomar el gobierno o el poder Legislativo, y desde allí actuar en favor de sus intereses individuales. La función pública que ejercen las bancadas de la Asamblea Nacional simplemente debe estar orientada al interés general. Todo aquel que legisle para sí o para sus amigos, sin tener en cuenta el bien colectivo, debe merecer el más grande repudio de la sociedad. A esos diputados hay que vigilarles los pasos.
Hoy por Hoy 2006/08/20
20 ago 2006 - 05:00 AM