La seguridad es uno de esos ámbitos donde las percepciones son tan importantes como las realidades. Al igual que la tranquilidad social o el clima de negocios, la seguridad cristaliza en una sensación compuesta por las señales de confianza que emiten las autoridades, por la actitud de cada agente de policía en las calles, por las noticias que aparecen en los medios y por las experiencias personales. Y, si hacemos caso de las encuestas, en Panamá estamos perdiendo en materia de seguridad.
La mayoría de ciudadanos cree que nuestras instituciones están carcomidas por el crimen organizado y esa sensación deja dañada de raíz la relación de confianza entre Estado y ciudadanos, tan importante a la hora de lograr la colaboración de los panameños para prevenir el crimen. Hay que tomar medidas urgentes.
Las pugnas entre nuestras instituciones de seguridad, la inapropiada intromisión de un embajador extranjero -pero fundada en hechos reales-, las señales de impotencia que manda el Presidente de la República... Nada de ello ayuda a que la sensación de inseguridad se desvanezca, al contrario.