Las normas legales de convivencia solo tienen sentido cuando responden a un anhelo social o cuando van acompañadas de un trabajo de concienciación, no solo de represión.
Las nuevas multas que ha establecido el Municipio de Panamá contra el ruido se pueden quedar en papel mojado si no caminan acompañadas de un proyecto de educación ciudadana comprometido yradical. No contaminar con ruido es el resultado de un comportamiento cívico, no del miedo a una multa.
En nuestro país tenemos superávit de leyes y sanciones, y un grave déficit de proyectos que traten de construir un nuevo pacto social en el que autoridades, vecinos y empresarios se comprometan con un modelo de convivencia menos agresivo. Poner la música a todo volumen es igual que pasar el día haciendo sonar la bocina del carro, botar la basura a la calle, construir sin respetar el medio ambiente, o producir de manera contaminante. Si no se cambia la cultura del ‘ese no es mi problema’, ni las sanciones ni las declaraciones políticas lograrán que la ciudad sea un lugar habitable.
