La Prensa ha querido conocer qué piensan y sienten los jóvenes panameños. Por eso, hoy publicamos una edición del Pulso de la Nación dedicada en exclusiva a ellos, a la gran mayoría de nuestros compatriotas que, tal y como estamos organizados, se encuentran excluidos de los círculos de opinión y de los estamentos de decisión. Ser joven ni es una bendición ni es una enfermedad.
Para ellos, el mañana está lleno de incertidumbres marcadas por un problema de su presente –la baja calidad de la educación– y otro de su futuro –las posibilidades de un empleo digno–. Es aquí, en la juventud, cuando se cocinan los problemas que después recogemos. La educación es el pasaporte legítimo para el empleo y la única posibilidad de independizarse y lograr construir una vida propia.
La encuesta, aplicada a un millar de jóvenes entre 14 y 25 años, revela que nuestros jóvenes tienen los pies bien puestos sobre la tierra y exigen respuestas de un sistema gobernado por adultos. Escucharlos e incorporarlos a los procesos de decisión sería un paso adelante en la verdadera democratización del país.
