Óscar Arias dejó, antes de partir de Panamá, varias críticas acertadísimas. La posición pública del Presidente tico no hace más que reflejar el escepticismo de miles de ciudadanos que nos preguntamos lo mismo: ¿para qué sirven las innumerables ‘cumbres’ que presidentes, parlamentarios y políticos celebran? Mientras 96 millones de latinoamericanos se mueren -literalmente- de hambre y el continente convive con más de 200 millones de pobres, cómo se justifican los millones y millones que se gastan en decenas de cumbres que se celebran cada año.
Demandamos resultados concretos y no declaraciones diplomáticas. Y dijo más: su país permanecerá al margen del Parlacen (Parlamento Centroamericano) y de la Corte Centroamericana por ser organismos costosos sin rendir provecho real.
Para los panameños, el Parlacen no deja de ser más que la guarida donde encuentran santuario dos ex presidentes, que se han servido de la inmunidad para restregarnos la impunidad. Y la Corte Centroamericana, al decir del propio Arias, necesita de ‘jueces independientes que le garanticen a la sociedad absoluta imparcialidad, cosa que todavía Centroamérica no tiene’. Más claro, ¡imposible!
