Las bibliotecas públicas son patrimonio tangible e intangible. Legajos de papeles portadores de conocimiento sin fecha de vencimiento, cultura acumulada que constituye el ADN de nuestras entrañas como Nación.
Lamentablemente, es común acordarnos de las bibliotecas en conmemoraciones o eventos puntuales, pero lo cierto es que estos centros requieren de una fuerte inyección económica, que sirva para actualizar colecciones, profesionales e instalaciones. Panamá adolece de un precario sistema de bibliotecas públicas, lo cual debe ser motivo para reflexionar sobre la inversión y la planificación en esta red fundamental para el avance y la formación de todos los panameños.
Se requiere una revolución conceptual intensa. Bibliotecas abiertas, lúdicas, con tecnología, con acceso masivo y plural. Eso es lo que necesitamos si queremos que las nuevas generaciones amen la lectura y busquen el conocimiento. La cultura occidental se ha construido a punta de escritura y para absorberla hay que leer. No hay otro camino. No hay otra aventura más apasionante.
