El comercio internacional y las relaciones tanto bilaterales como multilaterales de nuestros vecinos repercuten también en lo interno de nuestra producción local. Panamá no puede ignorar lo que hacen los países afines en materia comercial porque las secuelas del aislamiento y la falta de intercambio golpean directamente en la balanza doméstica de exportaciones e importaciones.
Hoy es el Cafta que se cierne amenazante, pero a medida que avanzan los acuerdos entre bloques económicos sin que Panamá defina su posición o estrategia frente a los mismos, asimismo se recrudece nuestra falta de competitividad en el acceso a los mercados cercanos o no tan próximos.
Nos autollamamos orgullosamente "el puente del mundo", pero nuestra política comercial da tumbos que parecen abrir más brechas que cerrarlas. No nos quedemos a la zaga, Panamá tiene que subirse al tren para que nuestros productos y servicios no sufran la descalificación que trae la ausencia de competitividad mundial.