La última encuesta encargada por este diario revela uno de los problemas más profundos de nuestro sistema: la falta de instituciones en las que creer. Con la ajustada excepción de las ONG y la Iglesia católica, los demás organismos tanto del sector público como privado no logran convencer a la mayoría de la población de que son confiables.
Podría parecer una competencia estadística sin mayor relevancia, pero se trata más bien de un grito de la sociedad civil, hastiada de promesas sin sentido y de políticas para perpetuar políticos. Pero, mirando el lado positivo, hay una oportunidad y un reto para las instituciones públicas y el sector privado de demostrar con actos –y no apenas con campañas– que hay intenciones de bregar por un Panamá más justo y equilibrado, y que la generosidad es un valor que puede permear.
Si no lo hacemos, y pronto, será todo el sistema el que se tambalee en una crisis de credibilidad que abriría la puerta a cualquier iluminado con promesas radicales de cambio.