Panamá tiene que decidir: desarrollo urbanístico a toda costa, o construcciones que se adapten a una planificación de futuro razonable. La mala noticia es que está ganando la primera opción y lo hace con la connivencia de nuestras autoridades. Ahora, el Mivi autoriza la construcción de una inmensa torre de apartamentos en la zona de amortiguamiento de Panamá La Vieja, poniendo en riesgo la declaratoria de Patrimonio de la Humanidad.
Ni el patrimonio histórico ni el ambiental parecen ser valores de moda en las oficinas oficiales, tentadas por promesas de inversiones millonarias, puestos de empleo y canto de sirenas.
La inversión en construcción es deseable pero, como en todas las facetas de la vida, se puede hacer bien o mal. Parece que nuestras autoridades tienen una tendencia nefasta a hipotecar el futuro y, quizás, el presente inmediato. Torres en ciudades jardín, como Clayton o Albrook, torres en barrios bellos, como Bella Vista o San Francisco, torres hasta junto a la histórica torre de Panamá La Vieja. ¿Quién da la cara por lo que parece ya una obsesión?
