Ya son habituales las noticias de atropellos seguidos de vergonzosas fugas. En la mayoría de los casos, las víctimas mueren y los victimarios quedan con una aventura en su repertorio y sanciones pírricas. Estos hechos desvelan dos situaciones dramáticas.
La primera habla de una sociedad con graves carencias de conciencia ciudadana. Todos podemos cometer errores, pero el respeto a la vida y la capacidad de asumir responsabilidades son valores fundamentales para vivir en armonía.
La segunda muestra la falta de rigurosidad y de ejemplaridad en la persecución oficial de estos casos. Ni las autoridades policiales, ni las judiciales, están comprometidas en una lucha frontal contra estos conductores.
En nuestras calles es normal ver a personas manejando y bebiendo licor al mismo tiempo; los alrededores de las tiendas de licor están llenas de jóvenes y menos jóvenes que consumen alcohol dentro o fuera de sus carros, y es casi imposible ver a un policía fiscalizando o reprimiendo. Mientras todo esto sea posible, tendremos que seguir reportando dramas en nuestras calles.