Hay problemas de tal complejidad, que tratar de solucionarlos podando solo las ramas es condenar el tronco al raquitismo. Las relaciones sexuales entre adolescentes y adultos no son un tema nuevo; el alto número de niñas embarazadas en las aulas, tampoco.
Por eso hay que estar alerta ante las propuestas irracionales que tratan de dar marcha atrás y debilitar el estado de derecho que hemos construido con tanto esfuerzo. Los derechos de las niñas y adolescentes embarazadas no pueden vulnerarse y éstas no pueden ser aisladas del resto de sus compañeros. Segregarlas iría en contra de todas las leyes y convenios internacionales vigentes en Panamá.
Hay un problema, sí, y es muy grave. La solución es compleja y debe ser integral, atendiendo la educación de niños, niñas y adolescentes, aplicando cero tolerancia a los adultos abusadores, e impulsando un cambio de conducta en nuestra sociedad para que se destierre la doble moral y se deje de consentir con las acciones lo que combatimos con el discurso.
