La construcción de plantas de tratamiento y la modernización del arcaico sistema de alcantarillado de la ciudad de Panamá son un reto millonario que de nada servirá si no cambian algunas costumbres. La limpieza y el tratamiento de residuos comienza por un ejército de ciudadanos anónimos que es el primer eslabón de esta cadena de inmundicias.
El proyecto de saneamiento de la bahía, que es el que empuja la mejora del sistema, debe incluir un fuerte componente de educación ciudadana. Así, en 10 años, cuando no todo lo sucio vaya a parar a la bahía, deberíamos ser un pueblo educado, con cultura del reciclaje y de la separación de residuos, y con una estructura de servicios públicos que permita dar continuidad a ese comportamiento.
Hoy es fácil ver cómo desde los carros botan latas vacías o papeles; es normal que la basura esté alrededor de los tinacos, y no dentro de ellos; es demasiado habitual que sean los gallinazos los encargados de la limpieza de vertederos. La basura es un problema, pero también una oportunidad ambiental.