El águila arpía está arrinconada. La presión humana la ha sacado del Parque Nacional Chagres y la ha obligado a emigrar al Parque Soberanía. La noticia es triste por dos razones. Una porque esta águila es un símbolo de la peculiar biodiversidad y riqueza natural de Panamá y si la amenaza se cierne sobre ella es porque otras cientos de especies de flora y fauna también están en peligro.
La segunda razón tiene que ver con el futuro que queremos para nuestro país y nuestros recursos. El desarrollo urbanístico y la explotación del medio sin control pueden rendir beneficios inmediatos para unos pocos, pero empeñan el futuro de la mayoría en muchos sentidos: la calidad de vida, el potencial turístico, el patrimonio biológico y genético, el desarrollo científico...
El tema medioambiental no puede ser en exclusiva el área de preocupación de ecologistas o especialistas, ya es hora de que entendamos que o nos implicamos todos o serán nuestros hijos e hijas los que pagarán las consecuencias. Ahora es el águila la que está arrinconada, después podemos ser los seres humanos.
