El submundo de las cárceles panameñas no deja de ser una mala noticia para el país. En él se mezcla la ineficacia judicial, la mala administración, las carencias presupuestarias y la indiferencia de una sociedad que no interviene, pues se trata de sujetos a quienes se les endilga algún acto delictivo.
El Ministerio de Gobierno y Justicia dice estar a la espera de las investigaciones del Ministerio Público sobre el presunto comercio sexual a lo interno de La Joya y La Joyita, para poder tomar medidas disciplinarias. Pero, mientras se surte la etapa de investigación, la realidad de las cárceles se impone y las prácticas de prostitución, coimas e inseguridad siguen sucurso.
No es necesario esperar conclusiones para enérgicamente poner orden en la administración de los penales; no son necesarios más diagnósticos para saber que hay que replantear de manera integral la política penitenciaria. Todo lo que no sea acciones concretas, será alimentar ese universo de vivarachos que dan vida, de manera paralela e ilegal, a la sórdida cotidianidad de los internos.
