La noticia de la construcción del Museo de la Biodiversidad en Amador es refrescante y esperanzadora. Cien trabas burocráticas han demorado el inicio de las obras, pero finalmente los obstáculos parecen haber sido sorteados.
Los méritos del proyecto son tan significativos que han logrado sumar, tras un mismo sueño, a Gobierno, empresa privada y sociedad civil, así como a tres administraciones presidenciales distintas. Se trata de una obra que debe colocar al país en posición privilegiada en materia arquitectónica, científica y educativa, para beneficio no solo de los panameños sino de turistas a quienes sin duda cautivará la obra.
Ojalá la edificación de Gehry sirva a los capitalinos para ponderar la necesidad de poner los ojos en nuestra ciudad -huérfana prácticamente desde las administraciones de Belisario Porras- de proyectos relevantes que mejoren la calidad y belleza de la ciudad, una urbe demasiado tiempo aturdida por el mercantilismo, la improvisación y el mal gusto.
