Hoy por Hoy 2006/04/02

La educación no puede someterse a vaivenes caprichosos ni fanatismos de grupos que tienen intereses alejados de la enseñanza, el aprendizaje y la instrucción. Si permitimos que cada vez que la inmadurez hormonal se apodera de las aulas, se cierre la Universidad, el daño a largo plazo lo sufriremos todos los panameños, como Nación y, lamentablemente, puede ser irreversible. La manera comprobada de progresar, de disminuir la brecha entre los que más tienen y los desprovistos y de que Panamá destaque como país -por su gente-, es la superación intelectual. Y ello no se logra apagando fuegos ni con tímidas improvisaciones. Las autoridades tienen el deber de imprimir rigurosidad y medidas drásticas, exigir el cumplimiento del reglamento universitario y mantener cero tolerancia, de modo que no se sobrelleve la rutina de la violencia, la agresión y la interrupción de las clases, todo lo cual conlleva al menoscabo de la calidad de los estudios en el recinto que se supone es el bastión de la educación superior panameña.

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