El libre mercado no puede ser un mercado sin ética. Pero en el rejuego de los precios finales del combustible, el mecanismo está desbalanceado. Las compañías respetan y corren a aplicar el precio de referencia señalado por las autoridades, solo cuando sienten que es para su beneficio, es decir, cuando hay alza. Sin embargo, cuando los precios deberían bajar, petroleras y distribuidores se tapan los oídos, se quedan con la rebaja y afectan al consumidor. Esta es la cara más perversa del mercado, aquella que, según nuestras leyes, no se puede controlar y que abusa de la necesidad imperiosa de los ciudadanos de consumir combustible. Poco podemos hacer, excepto desenmascarar a los abusadores y ejercer la opción de no comprarles. Ello, sumado al reclamo ciudadano de exigir a las empresas que apliquen la ética y la responsabilidad social a sus decisiones de mercado y buscar junto a las autoridades mecanismos para no seguir a expensas de los caprichos de algunas empresas que juegan con los precios y, al final de cuentas, con los panameños.
Hoy por Hoy 2006/03/09
09 mar 2006 - 05:00 AM
