El Día Internacional de la Mujer se suele aprovechar para denunciar la situación de discriminación a la que se ve expuesta la mayoría de mujeres de Latinoamérica y del mundo. El abuso del poder machista o la exclusión basada en prejuicios cavernícolas permanecen en el ADN de nuestras sociedades, y la lucha por modificarlos no puede aflojar. Pero, en realidad, deberíamos aprovechar la jornada para hablar de lo contrario, de cómo las mujeres son motores de progreso que rentabilizan al máximo la inversión social, que cohesionan sus comunidades, que dan continuidad a los diferentes tipos de modelos familiares y que buscan el bien colectivo antes que el individual. Las organizaciones internacionales explican que cada dólar invertido en una mujer latinoamericana se multiplica varias veces y esa lección aprendida debe orientar muchas de las políticas de desarrollo locales. Ellas ya han demostrado de qué son capaces, ahora le toca el turno a los hombres para probar que sí pueden convivir en igualdad, desprenderse de los complejos atávicos que los hacen sentirse más o mejores y así construir una sociedad más justa y, por qué no, más amable.
Hoy por Hoy 2006/03/08
08 mar 2006 - 05:00 AM