El blanqueo de capitales tiene algo perverso. La relación social con esta actividad ilícita está vinculada con la doble moral. Al igual que la sociedad tolera el consumo desmedido de alcohol y castiga la ingestión de drogas, con el blanqueo de dinero también hay más permisividad que con el tráfico de narcóticos. En el negocio del blanqueo intervienen empresas y abogados prestigiosos, funcionarios de recta apariencia y muchos ciudadanos -que nunca preguntan por qué les pagan más de lo que piden por algún servicio o patrimonio-. Por eso es más difícil acabar con el blanqueo de capitales que con otros actos delictivos. La mayoría de ciudadanos beneficiados con esta práctica ilícita lo interpreta como un golpe de suerte y lo único que provocan es envidia. Panamá es un paraíso para esta actividad y esto, que lo repitió esta semana Washington, debería preocuparnos de verdad. Detrás de la plata fácil se instalan de inmediato la violencia, los abusos y cierta cultura mafiosa.
Hoy por Hoy 2006/03/06
06 mar 2006 - 05:00 AM
